Abu Simbel

El templo de Abu Simbel se erigió hace más de 3.000 años, tras dos décadas de construcción, como un glorioso tributo de egoísmo arquitectónico de Ramsés II a sí mismo, a su mujer Nefertari y a los dioses del Antiguo Egipto Ra, Amón y Ptah. El templo se diseñó como una imponente demostración de extraordinaria ingeniería para honorar a los dioses en dos días especiales del año. El 22 de febrero, el aniversario del ascenso al trono de Ramsés, y el 22 de octubre, su cumpleaños, marcan las fechas del bianual Festival del Sol, que ha sobrevivido al paso del tiempo durante más de tres milenios. En esos días, un rayo de luz atraviesa la oscuridad hasta las profundidades del templo para iluminar las estatuas de los dioses, excepto la de Ptah, el dios de las sombras. Así es como nació la celebración bianual que millones de personas han tenido ocasión de contemplar, perpetuada por el Ministerio de Turismo egipcio hasta la actualidad.

Este evento reúne a multitud de viajeros reunidos en meditación durante las serenas horas del amanecer. En el momento en que el sol despunta por el horizonte, penetra hasta las cámaras interiores del templo revelando un magnífico espectáculo cuando los haces de luz iluminan de nuevo las antiguas salas. Un obra maestra de proporciones inconmensurables que marca el inicio de las grandes festividades. Disfrute de este jubileo festivo y celébrelo junto con los sociables lugareños al pie del templo. Contemple las danzas nubias tradicionales, o incluso partícipe en ellas, embellecidas por el latido armónico de la música en directo. Disfrute de un festín a base de comida local casera, tan deliciosa que querrá repetir, y dé una vuelta por los mercadillos improvisados para adquirir su propio recuerdo hecho a mano. Y, al caer la noche, la mejor manera de finalizar la jornada es sumergiéndose en un fantástico espectáculo de luz y sonido con el templo de Abu Simbel como telón de fondo. Una celebración de la vida realmente inolvidable.