La montaña Mudawara, donde podrá ir de acampada, observar las estrellas y mucho más

Añadido el jun. 09, 2018

A tan solo 90 km de la capital de El Cairo, a poco más de una hora en coche, y con un clima moderado durante todo el año, se encuentra uno de los siete oasis de Egipto: El Fayún.

Esta ciudad alberga numerosos elementos de interés de diferentes eras: la faraónica, la grecorromana, la copta y la islámica. A esto cabe sumar sus dunas de arena, sus palmeras, lagos y valles, poblados de distintos animales salvajes y pájaros exóticos. Se trata de una tierra de naturaleza virgen y un valioso pasado, un lugar que merece la pena conocer.

Dentro de sus confines encontramos una serie de lagos, la única cascada permanente del país y la peculiar montaña Mudawara (Jebel al-Mudawar, en árabe), situada al oeste del lago El Fayún.

La montaña Mudawara se ubica a tan solo unos doscientos metros al sur de la carretera de Wadi El Rayyan, justo después de que cruce el norte del lago El Fayún. Puede aparcar en el borde de la carretera o, si lo prefiere, conducir a través del desierto hasta la base de la formación.

La montaña cuenta con tres cumbres principales y algunos salientes en la ladera occidental. El más oriental es una pequeña torre de roca con una sorprendente fosa excavada en la cumbre, tan pequeña que ni siquiera Google Earth puede registrar su presencia. Curiosamente, se trata de la cima más difícil de alcanzar, y lo más probable es que se encuentre por debajo del nivel del mar.

La montaña Mudawara tiene 45 millones de años de antigüedad y su origen se remonta al comienzo del Eoceno medio, periodo en el cual se produjeron movimientos en el norte de Egipto que dieron lugar a elevaciones en arcos en dirección noreste y suroeste.

La montaña se caracteriza por una vista espectacular y por estar situada en un espacio abierto, así como por la extensión de las llamadas "fosas del ángel", que se asemejan a las monedas fosilizadas de la región. La superficie de la zona se caracteriza por una grieta de refracción, que se llenó de agua y formó parte de un gran lago al final de la era geológica del Pleistoceno. A finales de este periodo, el lago comenzó a secarse secuencial y gradualmente.

Toda la zona estuvo expuesta a los factores erosivos que dieron forma a la montaña y al territorio circundante, los cuales también crearon dunas de arena y contribuyeron a la eliminación de la composición de la superficie, así como de los vestigios y los restos de animales que un día caminaron por ella.