El infortunio del Rosalie Moller se convierte en uno de los mejores enclaves de buceo

Añadido el mar. 12, 2018

En el otoño de 1941, tras alcanzar el extremo sur del Canal de Suez, un buque echó el ancla en uno de los denominados fondeaderos seguros. Este, en particular, recibía el nombre de "fondeador seguro H.". 

Los pilotos alemanes habían conseguido ampliar su rango de alcance y, el 6 de octubre, descubrieron y bombardearon el buque Thistlegorm. La explosión, que alcanzó su almacén de municiones, fue tan potente que iluminó por un momento el cielo estrellado y reveló a los pilotos la localización de otro buque, el Rosalie Moller. Se dirigieron a esta infausta nave, la asaltaron y la hundieron.
El Rosalie Moller tendría el mismo destino que el Thistlegorm, suceso que, tiempo más tarde, atraería a numerosos buceadores con el fin de contemplar los restos de estos dos naufragios, los cuales, incluso a pesar de no tener un gran parecido, están estrechamente relacionados. El Rosalie Moller, inicialmente un buque de transporte de mercancías, tuvo que ponerse al servicio de los militares a comienzos de la Segunda Guerra Mundial, al igual que muchas otras naves británicas. Su última misión fue la de transportar una carga completa de carbón galés a Alejandría. Sin embargo, las Potencias del Eje controlaban todo el Mediterráneo, y la única ruta alternativa era a través de Sudáfrica, el mar Rojo y el Canal de Suez.
Tras el fin de la guerra, las materias primas comenzaron a escasear y, a lo largo de todo el Golfo de Suez, se sacaron a flote y se recuperaron numerosos buques perdidos, mientras que otros fueron declarados como una amenaza para la navegación.
Asimismo, el Rosalie Moller quedó registrado como “recuperado y destruido” después de la guerra en dos cuentas separadas e independientes, algo que, sin embargo, nunca sucedió.
Este increíble pecio ubicado en el mar Rojo ofrece a los buceadores la oportunidad de realizar descensos a gran profundidad. Los restos del Rosalie Moller invitan a una inmersión profunda apta únicamente para los submarinistas más experimentados. Podrá sumergirse con un solo tanque estándar o con un equipo de buceo técnico, en caso de que desee disfrutar de un mayor tiempo de fondo.
A su vez, descubrirá distintas especies marinas que hacen de este emplazamiento un lugar de buceo muy interesante. Debido al tamaño del pecio y a la profundidad a la que se encuentra, los submarinistas deberían intentar realizar más de una inmersión a fin de explorar los restos del naufragio e, idealmente, planificar varias visitas para apreciar la nave a fondo.
Dentro de sus distintos compartimentos, los buceadores podrán contemplar numerosos peces cardenal, así como otros peces de cristal, peces fusileros juveniles y barracudas de cola amarilla que se congregan en la cubierta. Asimismo, sobre la cubierta y en sus inmediaciones, podrá divisar jureles y atunes que intentan cazar otros peces más pequeños que habitan el pecio.